was successfully added to your cart.

Os escribo estas líneas desde tierras galas de camino de vuelta del 23 Campeonato del  Mundo de Globo de Aire Caliente que se ha celebrado en la localidad austriaca de GrossSiegharts. Hemos acordado turnos de dos horas de conducción y ahora se encuentra al volante Quique, mientras Raül debe de estar durmiendo tras sus cuatro horas de vigilia.

Cuando miro al frente aún me parece contemplar globos de colores flotando. Cuando echo un vistazo al navegador, el instinto me empuja más a calcular la desviación respecto al norte que a ver la distancia hacia el próximo desvío o el tiempo estimado de llegar a casa. Con todos estos trazos tan vivos de la experiencia reciente voy poco a poco asimilado lo que hemos vivido esta última semana participando en el Mundial.

Pero comencemos por el principio…Tras el último Campeonato Europeo  decidimos que para continuar compitiendo debíamos hacerlo con el globo adecuado: un Racer de UltramagicBalloons.  Aunque no es sencillo cuantificar la ventaja competitiva que aporta su forma especial, sí que es cierto que psicológicamente pasas a verte en igualdad de condiciones respecto al resto de competidores, al menos en el equipamiento de vuelo. Así que una vez tenía el globo solo faltaba clasificarse.

A un Mundial de globos asisten aquellos pilotos que han acabado en mejor posición en los rankings de sus respectivos países y, al mismo tiempo, el número de participante de cada país depende del puesto que los pilotos hayan tenido en el Mundial previo. Por lo tanto cuantos más pilotos coloque un país delante, más plazas tendrá para el siguiente. Este año España había conseguido dos plazas en primera ronda  y en segunda consiguió una adicional. Como yo había acabado cuarto el año pasado en el ranking nacional, en principio no tenía opción de ir pero, como decía la canción de Rubén Blades, “la vida te da sorpresas…” y uno de los tres primeros del  ranking decidió no asistir,  la plaza corrió y finalmente me invitaron.

Así que ya teníamos globo y plaza… Faltaba un “compañero de viaje” con el que compartir este camino paralelo a la actividad principal que realiza TOTGLOBO que es la de vuelos turísticos de pasajeros por la zona de Bocairent-Sierra Mariola. Y tuvimos el placer de conseguir el patrocinio del Patronato de Turismo de Valencia, a través de sus marcas “TurismeValència” y “ del Tros al Plat” cuyas pancartas hemos comenzado a llevar en nuestro globo durante este Mundial y esperamos poder volar en futuros campeonatos.

Ya con todo a punto la semana pasada partimos de Bocairent camino a Austria.

La imagen que refleja nuestro estado de ánimo se dio a nuestra llegada a la localidad de GrossSiegharts el pasado jueves tras 30 horas de viaje en furgoneta. Tan pronto encontramos a Iván Ayala (el piloto de La Rioja), sacamos el globo, lo extendimos e hicimos un breve vuelo de entrenamiento para comprobar que todo estaba en orden… Como niños con un juguete nuevo que hace olvidar el agotamiento.

Tras el vuelo, nos desplazamos hasta la localidad checa de Slavonice, situada  justo en la frontera. Cada día que pasábamos por el edificio en el que se encontraba la antigua barrera con tres niveles de alambres para separar dos pueblos vecinos (el denominado Telón de Acero) no podía dejar de pensar en lo absurdo de las fronteras. Tu fortuna puede ser muy distinta en función del lado en el que estés.

Pero volviendo a los globos, hicimos un par de vuelos de entrenamiento para reconocer el terreno, familiarizarse algo con la zona tanto desde arriba, el piloto, como desde abajo, el equipo de rescate. Ya con todo a punto el sábado por la tarde asistimos a la ceremonia de apertura del evento.

Durante el acto tuvo lugar una exhibición aérea de vuelos acrobáticos, de aviones y de helicópteros, así como un salto de paracaidistas que aterrizaron suavemente frente al numeroso público asistente. Tras el show aéreo se realizó  la presentación de cada uno de los combinados nacionales en el que desfilamos por el escenario uno a uno. Y tras la fiesta, llegaba el momento de concentrarse porque al día siguiente, a las 5:00 AM, debíamos estar en la sala de briefings y se preveía una larga semana.

     Como he citado anteriormente, nuestro alojamiento estaba en Chequia y como el briefing matutino era tan pronto, nos tocaba levantarnos a las 3:15 AM (era más bien briefing nocturno).

El campeonato comenzaba con una previsión meteorológica inmejorable, ¡estabilidad mediterránea en tierras centroeuropeas para prácticamente toda la semana de competición!! Y el primer día pudimos comprobarlo, vuelo de tres horas con un calor más típico de Valencia que del país alpino.

Y lo que sucedió en la primera diana fue una señal de lo que podía suceder durante gran parte del resto de campeonato… y de hecho sucedió.

Pero antes  os comento brevemente cómo es el previo de un vuelo en globo de competición en el que el lugar de despegue no lo da la organización sino que lo eligen los pilotos. Para poneros en situación conviene recordar que los globos aerostáticos no se dirigen, van fluyendo con el viento y el único control que se tiene sobre ellos es el de la altitud de vuelo (el viento no sopla con la misma intensidad ni dirección en todas las capas). Así que los equipos deben elegir ese punto a partir de la previsión facilitada por el meteorólogo de la organización y de la medición propia del viento mediante el lanzamiento de un pequeño globo de helio por parte de los competidores ya en campo libre. Como os podéis imaginar, esa decisión se toma en un plazo breve de tiempo que en este caso era justo antes del alba. Así pues, intentad visualizar a unos 140 vehículos con remolque moviéndose “rápido” por las carreteras y caminos, parando en cunetas para bajar de los coches, tirar un globito, medir dirección e intensidad del viento,  bien con ayuda de teodolitos (los equipos con más medios) o con una simple brújula los más humildes (pongamos como ejemplo el combinado español).

Lo mejor de todo esto es que, la mayoría de veces, acaban despegando casi todos los globos no muy lejos unos de otros (de hecho, si ves que por el punto de despegue  que tienes en mente no aparece nadie, mmm… igual es que  te has equivocado pero, ¡¡ojo!! igual no…)

Pero volvamos a la primera diana de un campeonato: la sensación que tienes en el momento antes del despegue en competición y sobre todo en el primer vuelo es similar a la que tenía cuando era pequeño y jugaba al fútbol en la liguilla del Patronato de Bocairent antes de que el “tío Leandro” pitara el inicio del partido: “cosquilleo”. Ahora bien, cuando dejas de tener contacto con el suelo, ese cosquilleo desaparece al instante…ahhhh, ¡¡¡qué momento!!!

 

Sientes que tu mente se queda, como dice Jorge Drexler, en “silencio…” sientes que toda la concentración que llevas imaginando durante  estos meses de preparación que debieras tener en ese instante“llega” y que todo a tu alrededor “se para”. Pero es sólo un instante, al momento vuelves a la fantástica realidad de saber que vas a comenzar a competir contra los mejores pilotos del mundo y que todos y cada uno de ellos quieren lo mismo que tu: colocar el testigo en el centro de la diana.

¡¡Y ahí vamos!! Comienza el vuelo y vas avanzando al igual que los otros, poco a poco, subiendo y bajando  ves que el objetivo se acerca, los alrededores de la diana comienzan a llenarse de globos de colores, cada uno a una altura, cada uno empleando una táctica: unos harán la aproximación por bajo, otros esperarán al último instante cuando ya estén cerca de la cruz de color para realizar una bajada más rápida… y tú continúas acercándote… y llega el momento crucial…

Antes de eso, me permitiréis que os traslade algunos de los pensamientos que tienes en esos minutos de aproximación (que pasan rapidísimo en la cesta) cuando observas al resto de competidores. Como en todos los deportes, conoces las características y aptitudes de algunos de tus rivales, así que cuando se acerca el objetivo y sabes que falta poco para tomar la decisión de realizar la maniobra final al observar las que están haciendo algunos de ellos, entre los que hay campeones del mundo, tienes que hacer un pequeño esfuerzo para sacar de tu mente las dudas que te puede generar esa imagen. Debes concentrarte sólo en lo tuyo, quitar ruido  y creer que aunque la tuya sea distinta, es la buena…aceptando al mismo tiempo que en este juego no solo eres tú el jugador si no que nuestro amigo “Eolo” puede tener un rol inesperado…

Pero volvamos al momento clave. Estás  a 200 metros, sabes que vas a entrar en el campo donde está extendida la cruz de 5 metros de aspa y sólo 50 centímetros de lado en el cuadrado que forma su centro…continuas acercándote con viento suave,  sabes que el lanzamiento es por gravedad ( no puedes sacar la mano para lanzar el testigo, este debe caer por la famosa Ley de Sir Isaac Newton y que cuanto más cerca hayas colocado tu globo del suelo menos se desviara) y llegó el instante. Estás a unos 80 metros, abres rápidamente la parte de arriba del globo (llamada paracaídas)para bajar unos 50 metros y coger el viento que consideras que te llevará al mismo centro, casi puedes  visualizar tu testigo de color blanco sobre la tela rosa del aspa y entonces… llega un globo por detrás, te empuja ligeramente y lo que iba a ser un lanzamiento perfecto pasa a desviarse hasta el extremo del aspa. Lo que iba a ser un “Kaiserlautern ”pasa a ser solo un “correcto” lanzamiento. Lo que iban a ser cerca de 1000 puntos pasan a ser poco más de 550…y es en ese momento cuando recuerdas,  por si lo habías olvidado, que este es un juego en el que no sólo entran tus aptitudes y tu talento, sino también el viento y lo que realizan en esos últimos metros los que comparten contigo este extraño tablero de juego. Sabes perfectamente que unas veces esos dos factores te ayudarán y otras no. Como diría Kiko Veneno, “pasa la vida” y el viento no para, los globos continúan desplazándose y debes espabilar porque ya te encuentras de lleno en la siguiente partida, que es otra diana a 3 kilómetros. Así que miras hacia adelante, te olvidas de lo sucedido hace apenas unos segundos y te centras de nuevo porque el juego continúa.

Y vuelta a empezar. Estabilizas aerostato en la capa que te acerque al campo donde se expone la diana, ves cómo llega la “hora punta” y comienza a “congestionarse” la zona. Calculas, bajas… y cuando estás a punto ves cómo un japonés que lleva un rato haciendo la aproximación muy cerca del suelo se pone entre tú y tu objetivo, tapándotelo. Tienes la opción de tirar el testigo y que se quede en su parte superior y se lo lleve de paseo o sacrificar unos metros pero te aseguras que alcanza el suelo y será medido por los jueces. Opto por la segunda y mientras veo caer el testigo paso por encima de la coordenada que me indica 1 metro de distancia del centro. Mala suerte Blai, ¡a por la siguiente!

Como os decía anteriormente, el juego sigue, así que te centras inmediatamente en el próximo objetivo. Subes, estabilizas, navegas, te aproximas y ahora el viento se queda “seco”,  se para. Ese viento que hace dos minutos has visto que llevaba los globos a la diana,  de repente desaparece (por el efecto del aumento de temperatura en ocasiones sucede). Así que excepto los diez primeros globos que ya han pasado, el espectáculo es curioso: noventa globos a menos de 50 metros de altura sobre los campos, esperando a ver (como diría Sabina) si se “le ocurre regresar”. Cuarenta y cinco minutos después, con treinta kilos menos de gas y un avance de doscientos metros…¡¡ regresa!!! Así que ves cómo todos los globos buscan esa ligera capa que les acerque,  pero entra en juego otro actor nuevo: las corrientes térmicas.

Estas corrientes son producidas por el efecto del calentamiento del suelo por el sol. Su característica principal es que son impredecibles: lo mismo van en una dirección que en otra. Por ello te preparas por si esta vez la suerte te sonreirá o te será esquiva… y ese no era nuestro día. Cuando estaba a 100 metros y acercándome, de repente cambió el rumbo… así que ¡¡a la próxima será!! ¡¡Y el juego sigue!!

Ese día hubo dos pruebas más, en este caso virtuales. Estas pruebas se distinguen de las físicas en que las primeras no tienen una meta definida por el director de la prueba, sino que las establece cada uno de los competidores mediante una declaración en un “logger digital” que cada uno lleva a bordo. Este “logger”, además de grabar tu posición durante el vuelo, te permite realizar declaraciones y “lanzamientos” pulsando un botón. Por ejemplo: tú estableces que tu meta serán unas coordenadas (latitud y longitud) a una determinada altura del suelo (altitud), las introduces en el “logger”  y con la ayuda de tu mapa que llevas en el ordenador a bordo, navegas hacia allí, haces la aproximación a esa “estrella” y cuando estás lo más próximo a ella pulsas el botón como si hubieses tirado un testigo.

Ese día las pruebas virtuales fueron un “área máxima”,donde los competidores deben “dibujar” un triángulo mediante el marcado de los tres puntos durante un máximo de treinta minutos. La siguiente fue una “estrella” en la que tienes que elegir unas coordenadas dentro del mapa de competición a las que navegar teniendo como condición que el punto de declaración tiene que ser mínimo treinta minutos antes de “lanzar”. En fin, salvamos los puntos que pudimos pero íbamos condicionados porque el gas iba acabándose y nos dirigíamos  directos a una zona boscosa.

Por las tardes los vuelos suelen ser más cortos ya que el viento acostumbra a amainar a medida que el sol baja y en este caso consistió en una sola prueba. Aunque estos vuelos no tienen a priori el mismo peso en puntos que los de la mañana, sí pueden afectar al ánimo de los competidores en función del resultado. Se hace el mismo ritual que por la mañana pero sólo para una prueba, así que es una especie de todo o nada. La concentración debe ser máxima durante un breve periodo de tiempo.

La prueba consistía en una diana cuyo radio de 50 metros era válido para puntuar sólo durante un tiempo establecido cada hora ( el primer y el tercer cuarto ) y el segundo y el cuarto sólo era puntuable la superficie de la cruz de la propia diana ( y no era válido tirar el testigo fuera de la tela). Así que hay  más opciones de lograr una puntuación si se llega al objetivo en esos treinta minutos que está abierto todo el área que sólo cuando se puede en la tela de 50 cm de ancho.

Tras el pertinente estrés por conseguir un lugar de despegue válido, iniciamos el vuelo de nuevo todos los competidores al mismo tiempo y desde prácticamente el mismo lugar. Escena similar de todos acercándose a la diana  a unos 200 metros de altitud pero, de repente, el viento parece que aumenta de intensidad y si nos mantenemos en esa altitud llegaremos cuando solo es válida la superficie del aspa. Hay que decidir.¿Continuamos o cambiamos de estrategia?  El equipo español decide bajar al bosque cercano a la diana para ver si está calmado y deja pasar los minutos sin que el globo avance… imaginaos a tres globos como tres aves rapaces esperando el momento en el que el pobre conejillo ( en este caso la diana) se pone al alcance. Tras ocho minutos de tensa espera, ¡¡los depredadores deciden atacar!!! Cada uno con distinto método y uno de ellos (Iván) se lleva la presa de un certero picotazo. La secuencia fue simplemente espectacular, el halcón sale del bosque, se eleva doscientos metros e inicia un descenso en picado cual peregrino hambriento que le lleva a solo un metro del centro de la cruz rosada…¡¡¡siuuuuuu!!! ¡¡Casi 1000 puntos! Al otro halcón (Ricardo) se le escapó la presa (unos trece metros) y al otro (yo) con una estrategia distinta (vuelo más bajo) cuando estaba oliendo la presa, el viento le cambió…¡meeec!  Pasó de ser halcón a paloma mensajera de un “jodeeeeer“bien oído por el respetable que se congregaba a escasos 10 metros de mi cesta…Como dirían en mi pueblo los cazadores, ¡¡¡pala!!!

Así pues, acaba el primer día y aun con buenas sensaciones de vuelo, el botín de puntos continúa siendo escaso.

Y así pasan los días. Tres de la mañana, despertador. Cruce al país vecino, briefing, prisas para encontrar el sitio de despegue una vez se deciden los grados desde los que queremos salir, hinchado…¡¡ y a volar!! El vuelo es correcto pero los lanzamientos, bien por tráfico en diana, bien por falta de técnica del piloto, bien por errores en el último instante, no son óptimos. Consecuencia: no hay manera de remontar posiciones ni Ricardo ni yo permaneciendo en la década de los 80… mientras tanto Iván sigue a lo suyo, recogiendo puntos de cada prueba y afianzándose en las primeras posiciones.

Pero en este punto quisiera comentaros que lo más grande de Iván no es su depurada técnica de vuelo y navegación, que es excelente, sino, bajo mi punto de vista, su capacidad para sobreponerse a los reveses que como os he dicho en ocasiones suceden. Os pongo un ejemplo: la prueba del donut.

El donut es una prueba que consiste en permanecer en el espacio que queda entre dos círculos concéntricos de radios de uno y dos kilómetros. Y el objetivo  no es otro que  “comer” todo lo que puedas de ese “bollo” virtual, cuánta más distancia recorras dentro de él más puntos consigues.

Tercer día de competición y cinco pruebas por la mañana. En el briefing de vuelo nos dan junto a la hoja de pruebas un parte meteorológico en el que se detalla la previsión del viento en las próximas horas del día. Las cuatro primeras pruebas son cuatro dianas que no nos  van mal para los miembros del combinado, pero llega la última que es el donut y los tres nos liamos de manera que cuando queremos darnos cuenta ya hemos aterrizado mientras sobre nosotros permanecen volando unos ochenta globos. Uffff, ¡¡¡que liada!!! Sabes que acabas de hacer un muy mal resultado en esa prueba y además compruebas que en  el parte de la meteo indicaba que habría un viento más arriba  para zamparte un buen bocado ( como están haciendo la mayoría). En cambio, nosotros  nos encontramos en una cafetería comiéndonos un donut  real y el amigo Iván asumiendo la “trastada” comentando: “chicos, igual la próxima vez echamos un ojo a la hoja de vientos, ¿os parece?”

Y pasan los días y, por H o por B, los resultados no llegan como esperabas. Y si al principio tenías dudas de si la estrategia que estabas usando era buena, a medida que avanza el campeonato ese “ruido” crece y cada vez el esfuerzo por apartarlo es mayor. Cuando te acercas a la diana piensas, “¿lo estaré haciendo bien. Quizás debería fijarme en cómo lo hacen los demás un poco. ¿Estaré tirando el testigo desde muy arriba? ¿Debería bajar más en la aproximación? ¿Cómo puedo hacerlo para no encontrarme con tráfico en el momento del lanzamiento? Siempre me perjudica…”

Ese “ruido” te acompaña en el trayecto de ida y vuelta a Chequia ( 2 horas cada día), analizas cada maniobra, intentas visualizar cómo hubiera sido si lo hubiese hecho de otra forma pero ya ha pasado y como dicen por ahí: “ a c…n visto, macho seguro…”Ahora bien, eso no quita que uno aprenda de los errores, analice qué ha hecho bien y qué puede mejorar y, sobre todo, que no deje de creer en sus posibilidades y en sus aptitudes. Si se ha llegado hasta aquí ha sido por ser fiel a una forma de entender los vuelos, así que habrá que evolucionarla para mejorar resultados pero la filosofía debería mantenerse.

Y, por fin el cuarto día comienzan a llegar. Aunque no alcanzará para remontar muchas posiciones en la clasificación, comienzan a ir las cosas como sabes que podían ir. Las dianas las abordas de manera similar pero aplicando los ligeros retoques a partir de la experiencia adquirida. Comienzas a tener una visión más global del centenar de globos que llevas a tu alrededor. Para mí ha sido, de hecho, la primera vez que en un campeonato se dan estas condiciones de embotellamiento en las dianas porque, aunque en altura hay viento, en superficie se para y los globos se amontonan en las inmediaciones de la cruz. La concentración, por ello,  mejora en las pruebas virtuales.

Mientras tanto, Iván continúa impartiendo una master class de competir de manera exquisitamente deportiva. Sirva como ejemplo el último vuelo matutino: cinco pruebas, la primer de las cuales es una máxima distancia entre testigos dentro de un área.

Esta prueba consiste en intentar lanzar dos testigos lo más separados posible en un área delimitada que acaba en los dos extremos en punta (mejor puntuación alcanzable 99,999 metros).Ríete de la hora punta de la M30 en comparación con los 20 metros antes del extremos del área. Los globos se aproximan desde arriba e intentan acercarse al suelo para no errar el lanzamiento buscando el primer extremo del área. Tensión brutal, tienes globos por arriba, por debajo, por los lados, debes evitar el contacto de tu cesta con la vela de alguno de ellos al mismo tiempo que vigilas que alguno de los de debajo no se le ocurra subir.

Y observo a Ricardo entrar en el área cual “fiera de Estopa” partiendo la pana. Abre paracaídas, se hace un hueco entre dos globos y…¡¡¡zas!!!! En la puntita del área, sale de allía codazos y directo al otro extremo…¡¡¡y otro zas!! ¡¡¡Brutal!!! (Evidentemente acabó el vuelo más que encantado después de tantos sinsabores).

En mi caso, soy más diplomático y  aprovecho que tengo un globo debajo de mí para lanzar el testigo y simulando una carambola de billar cae  en buena posición; en el otro extremo no puedo apurar tanto pero consigo un resultado decente.

En el caso de Iván, consigue estar situado cerca del suelo y lanza muy cerca de la punta… pero ahora hay que ir a la otra. El viento bueno está sobre 50 metros del suelo, hay que subir, pero Iván se encuentra con un globo entre su posición y el segundo extremo del área. Intenta superar el testigo por encima del aerostato pero…no lo consigue. En ese momento va tercero en el campeonato después de veinticinco pruebas y sabe que ese resultado va a penalizarle mucho. Por la radio sabes que no le ha ido bien por un distinto ligero tono de voz en sus respuestas pero conociendo al figura sabes que se centrara en breve ya que  quedan cuatro pruebas. Las dos siguientes consigue un metro en una y medio metro en la otra… ¡¡Chapeau!!!

Ese mediodía comemos en Slavonice y compartimos una cerveza con un piloto ruso. Nos dice que el equipo dispone de un team manager, un meteorólogo, dos coches de apoyo para leer y “cantar” viento en superficie en las proximidades de las dianas para ayudarles en la aproximación. Cuando le comentamos cómo vamos nosotros, comenta: “Joder, ¿vuestra única información es la que os cantáis entre los pilotos y la que en ocasiones pueden deciros vuestros equipos de tierra? Entonces este Iván es muy bueno”. Exacto, les comentamos mientras apuramos la cerveza de un sorbo y nos vamos a la siesta.

Por la tarde realizamos el último vuelo del campeonato, Iván afianzó su 5ª posición  y tanto Ricardo como yo nuestras ligeras remontadas. Pasamos de las hombreras de los 80 al rock&roll de los 50 de Chuck Berry en su caso y al rock clásico de los Rolling Stones en el mío en su versión de la ( Getyour Kickson) Route 66.

 

Respecto a la general, se ha coronado vencedor Dom Bareford. En un campeonato siempre puede haber sorpresas y que lo haya conseguido él no lo es por su nivel (es un piloto top), sino por cómo sucedió. Remontó en el último día a un fenómeno como Stefan Zeberli, cuatro veces campeón de Europa, y que fue líder hasta la prueba número 29 de 31.

Como último apunte quisiera comentar el placer de haber compartido estos días con el equipo formado por Raül y Quique, el uno con su ánimo y sus fotos (el reportaje audiovisual que tenemos es extenso) y el otro con su infatigable buen humor y paciencia que hacen que los pequeños sinsabores que puede llegar a generar la falta de buenos resultados en la  competición queden en un segundo plano cuando aterrizas y siempre tienen las palabras… o los silencios oportunos.

También quiero agradecer el ambiente del resto de la expedición española: el equipo de Mallorca Balloons con Parra y Radim siempre a punto para una cerveza… o tres. Alberto ayudando a Richie con el PC y los cracks del equipo de Iván de Globos Arcoiris: el capitán América Rubens con sus hábitos saludables, Trejo y Marisol con su disponibilidad sincera e Irene con su paciencia con el friki que eligió. Sin olvidarme de Clara, la alegría de la expedición.

Y ahora, a llegar a casa, breve descanso y el miércoles a Haro ( La Rioja) a continuar jugando con el viento en el Campeonato de España. Y esta vez, haciendo un símil futbolístico, como Iván vuela en casa, si gana alguien que no sea él se podrá repetir la famosa victoria de Uruguay ante Brasil en el 1950 pero versión riojana: ¡¡¡a por el “Ayalazo”!!!!Pero el grito sería otro J

Salut i no fotem la Natura!!

 

Discografia del campeonato: 

Estopa: Partiendo la pana

Chuck Berry: Johnny be good

Gol d’Iniesta al Chelsea

Ruben Blades: Pedro Navajas

Goran Bregovic: Bella Ciao

Bobby McFerry: Don’t Worry

Jorge Drexler: Silencio

Propellerheads ft. Shirley Bassey: History repeating 

Manolo García y Miguel Ríos: Insurrección

Creedence:  Clearwater lookin out my backdoor

The Rolling Stones: You can’t always get what you want

The Doors: Riders on the Storm

Foofighters: Learn o Fly

The Rolling Stones: Route 66

 


Leave a Reply